Escritora invitada en la Universidad de Perdue Calumet

Común es el amor

Común es el amor en sus inicios
cuando extiende sus ramas y toca
tu cabello, y lamina de pulsos
la epidermis. Común cuando se desvanece
y es agua que se escurre por la pendiente
como cera ante el fuego.
Ordinario el destierro, su dolor
el cuchillo en el vientre, la torre
de Babel y su infortunio.
Común ese desapacible insomnio
la góndola que aguarda agazapada
en la corriente donde el garfio iluminado
nos acecha. Frecuente la sonrisa,
la nostalgia de ayer, el futuro terror
y su placer, el motor de la vida,
la poesía.

En este fin de siglo

Que el roce de su ala no me arrastre
que pase de lado, obtuso
vago, loco, desquisiado.
Que no quede prendida en mi memoria
la visión de su figura,
que puedan mis ojos esquivar su mirada.
Que olvide que existo en esta circunstancia
en este país, en este fin de siglo
en que lavo mi rostro en un cuenco vacío
y reparo en la suerte
que avisan las líneas de mis manos.
Que no vuelva a tocarme con su dedo de luz,
que no anhele dejarme marcada
que su aliento no caliente mi almohada.

Díganle sí que cuando el día muera
venga en la noche a visitar mi cama
y que cabalgue sobre mí
sin verme el rostro
sin decirme su nombre
y que mañana como un ladrón se esconda

 


La noche roja

Una vez más con los miedos a cuestas
la sombra de mi sombra me envuelve
en esta noche roja en que no duermo.
Los acontecimientos reflejan los colores
de este día que muere.
El mar gris balancea la silenciosa góndola
donde la mente verde no cesa de pensar.
el túnel amarillo a la locura
aguarda al pie de la montaña
de tu pecho,
alli donde no pienso,
allí donde no existe luz ni tiempo
solo la eterna rebeldía dominada
entre tus brazos fuertes de animal pensante
que mueven el compás de mi torso
elástico y perfecto hasta estallar.

esta noche en que no puedo dormir
observo tu rostro plácido,
envidio tu paz.
guardo tu sabia cabeza en la memoria
en este instante de miedos eternos.

Luces de Navidad

En el aire ha quedado el olor
a colonia de tu mano,
después tu voz
recitando palabras tiernas
pensamientos filosóficos
almidonados de tristeza.

Me dices que el pasto nunca ha sido
más verde al otro lado de la cerca,
ni más brillante que las esferas que cuelgan
de las ramas del árbol.

Más no puedes dejar de sentir
la nostalgia por el regazo,
alboroto de bolsas y rollos
de papel de regalo,
las cintas de colores
y la lista de juguetes para el Niño Dios

Puedo reconocer en tí
un rastro de melancolía
el rostro familiar que tantas veces
besé en la oscuridad.

 


Adiós a Sarajevo

La puesta en marcha,
el bautismo de fuego,
el adiós a Sarajevo.
La mochila sucia, a ras del piso,
bajo el asiento del autobús.
La humedad de sus manos
adherida a la ventanilla fría
como el alma,
real como la guerra
sucia como el pecado
y su impotencia
sin colores alegres
solo el gris de los ojos
y el verde de los uniformes.

Otra vez la impotencia,
la frustración
el desapacible rechinar de dientes,
las fotos de lo que fue mi ciudad
infantil,
la que ya nadie podrá devolverme.

Los discursos vacíos
y el autobús
rodando sobre el fango,
dejando atrás
las voces fantasmagóricas
el miedo a las trincheras
la lumbre del hogar
el bautismo de fuego,
la tormenta.

 

Tareas de la historia

Si pudiera grabar para la historia
esta mirada de Scherezada en el espejo,
ojos de lumbre que cuentan
las mil y una noches de una reina.

A su lado la criatura
soñando con extraviados lanzadores
de estrellas,
ignorante a los silbidos interiores
de la madre,
(ella de veintipico de años
repasa su papel cada mañana
antes que él temprano se levante
a llenar todo).

Queé será de estos días?
tiene a las musas enllavadas
para evitar le armen el desorden
ha descolgado teléfonos y aguarda,
espera impaciente elproducto
la mariposa alada
que vendrá a liberar su diosa blanca,

los barrotes dorados
que un día dejó atrás
en los cuentos que repasa
cada noche con personajes,
al ser que llena con su presencia
todo.

 

Niña mía

Viendo-te, me-veo
pequeña igual a tí
dos pezones intactos
los labios
la vulva
mi madre en la otra costa
sus manos que
una vez
limpiaron con amor
y temor
mi sexo
como yo ahora
cuido-de-tí.

Tus ojos

(A Victoria Eugenia)

Tus ojos son dos
puntos
negros
:
Vida que comienza
sobre
una página
en
blanco.

 

Saeta

(a Federico, adolescente)

Fue un momento
los ojos enviaron la señal al cerebro
y allí frente a mí, el hijo.
De su boca salieron unas palabras sabias
el balbuceo de bebé olvidado
hace tiempo.
Las contracciones de sus músculos
la mandíbula
una vena resaltada en el rígido
cuello
David de mármol perfecto
y masculino.

De su boca la voz
otros sonidos
no más el quiero esto, o aquello.
De la lengua veloz una saeta
hiere
penetra certera en mi centro
y al frente el hijo
el hombre
no ya el niño.

Los días se suceden
y siempre sale el sol
se apaga el día
el susurro, las voces
vienen las “buenas noches”
y algunas veces “buenos días”.

Corren las tardes rápidas
y en la estación de tren
observo a este hombre
con la mirada fija
los brazos reflejando en esa carne
joven la cadena de músculos,

tensión entera
David de Donatello
en el museo de mi vida
y su voz apacible recordándome
que el tiempo pasa.

Pinoccio de madera,
el lanzador de estrellas.
Este hombre que se levanta y ríe.

 

Vivo en un país de papel verde

Vivo en un país de papel verde
donde los autos se estacionan en torres
y el aceite de los barcos
alimenta a las algas marinas.

Vivo en un país de mujeres solas
y de hombres solos
que quieren encontrarse
pero cuando se ven sus ojos huyen.

Vivo en un país donde se ha puesto de moda
la monogamia,
la anuncian en “Estilo”
como una camisa de fuerza.

Así revelan las encuestas
exhortan a la población a usar condón,
y todo eso al subconsciente.

Vivo en un país de sectas,
fanáticos locos disparando
contra ancianos solos en el piso veintiséis.

Vivo lejos del sol
y de las salamandras
sin océanos, sin palmeras, sin Dios.

Invierno perezozo

Invierno perezozo que no se quiere ir
y se derrama blanco sobre mis piernas
sin delicado abrigo.
Extiende su legargo en la ventana
y entra sin ser llamado a enfriar
el escote de mis pechos.
Largo invierno que no acaba. Me tiene helada,
escondida en el féretro de esta cama grande
donde aguardo desnuda que se vaya
para salir a saludar al sol
y pasear por la calle mis muslos limpios

 


 

Lluvia de invierno

Cuando el invierno llama
su origen se cuela por entre las ramas
y se pasa llevando lo verde,
el vasto verde eterno
de la vida.

La lluvia se deja caer
como mujer desnuda en una cama
susurra cosas tiernas
que las hojas se pasan llevando.

Las gotas se traspasan
por entre las rendijas
y la tierra se llena de olor
bajo la infinidad de charcos.

La piel del firmamento
se desgasta
como una flor silvestre,
cuando el invierno llama
todo en la eternidad
se vuelve gris.

 

Dueña de todo

cuando la libertad deje
pasar por alto
las imperfecciones,
cuando venga el olvido
se mueran las noches
con sus nombres,
cuando solo quede el esqueleto
de esperanzas e ilusiones
repartidas
estaré segura de haber sido
-al fin-
dueña de todo.

 

 

MILAGROS TERÁN

Poeta, ensayista y traductora. Nació en León, Nicaragua donde se dio a conocer a los 17 años de edad en La Prensa Literaria dirigida por el poeta Pablo Antonio Cuadra. Desde entonces, ha colaborado con suplementos y revistas culturales de América Latina, Europa y Estados Unidos. Tiene dos libros publicados: Las Luces en la Sien (Editorial Vanguardia, Managua, 1993) y Plaza de los Comunes (Editorial Anamá, NORAD, 2001) y un trabajo de ficción publicado por la Revista Exégesis de Puerto Rico titulado "El Diario de una poeta" (1994).

Milagros tiene una licenciatura en idiomas y literatura de la Universidad de George Mason, Virginia, un post-grado en Relaciones Internacionales y Francés en la Universidad Laval en Quebec, Canada y una Maestría en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Maryland en College Park.

Ha sido traductora, diplomática y funcionaria de organismos internacionales, así como conferencista y profesora de español en centros de enseñanza básica y superior en Estados Unidos y Zimbabwe, Africa, de donde acaba de regresar.

Actualmente se encuentra terminando un tercer poemario que será una combinación de ensayos y poemas sobre su experiencia en Africa.

Gioconda Belli dice que la poesía de Milagros "se incorpora a la universalidad, a la búsqueda perenne de la especia humana por el equilibrio, por la posibilidad de una entrega que no niegue lo individual, la necesidad personal de libertad."

La poeta ha aparecido en antologías centroamericanas, y se encuentra traducida al francés e inglés. Sus críticos incluyen a Arturo Arias, Rick McCallister, Julio Valle-Castillo y Marie Christine Seguin.

Reside en Virginia.

Correo electrónico: milagros.teran@gmail.com

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Milagros Terán.

Born in León, Nicaragua. Poet and narrator. Currently resides in the Washington DC area.

Her first book of poems, Las Luces en la Sien (Managua: Vanguardia, 1993) -with prologue by Gioconda Belli-, incorporated her into the panorama of Nicaraguan letters assertively articulating a markedly independent poetic and political vision.

She has published in various literary magazines and cultural supplements in Nicaragua, other Latin American countries and the US. She has a BA in Languages and Literatures from George Mason University and a MA in Latin American Literature from The University of Maryland, College Park. She has made presentations in Africa, Europe, Latin America and North America.

She has worked as a translator, diplomat and official for various international agencies, as well as a scholar and professor of Spanish and Hispanic Literature in the US and Zimbabwe.

Email: milagros.teran@gmail.com