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Fragmento de Génesis si acaso: Ciega desde los once años de edad, dotada de una asombrosa inteligencia y de un corazón generoso, Elupina Cordero poseía los atributos necesarios para el cultivo de algunos de los dones más preciados del alma humana. A ello consagró vida y hacienda. Había empezado su carrera recetando tisanas de tuatúa contra el estreñimiento y de pazote contra las lombrices, y luego -sin duda empujada por sus propias circunstancias- se refugió en una suerte de misticismo humanitario que exploraba las posibilidades de comunicación directa con Dios a través del amor al prójimo. En el hospicio que dirigía y financiaba desde su butaca de ciega iluminada llegó a haber más enfermos mentales que nunca hubo en todos los hospitales del país. Por su consultorio espiritual (y de espiritista, según sus detractores más encarnizados), desfilaron más leprosos que nunca tuvo Europa cuando regresaron de Oriente las primeras legiones romanas. Ocasiones hubo en que la Señorita en persona le restableció las facultades motoras a un tullido con sólo impartirle su bendición. La noticia de sus milagros se esparció a los cuatro vientos y al cabo de algunos años por la capilla que regentaba habían desfilado más inválidos que personas hábiles fusiló el general Macabón cuando le tendió la emboscada del siglo a los necesitados de su jurisdicción: “Que levanten la mano derecha los que tengan algún problema”, había pedido Macabón en medio de una manifestación multitudinaria de apoyo al gobierno que tuvo lugar en el parque municipal; entonces hizo fusilar sin fórmulas de juicio a todo el que había levantado la mano, y, poco después, temeroso de estar reproduciendo la hazaña de otro personaje histórico, hizo desfilar a la funerala al pelotón de fusilamiento y lo fusiló de igual manera. Al cabo, para cerrar su jugarreta macabra Macabón ordenó el ajusticiamiento de los que habían ajusticiado al pelotón de fusilamiento bajo el argumento de que los primeros habían ejecutado su orden demasiado tarde, cuando ya no había tiempo de salvarle la vida a ninguno de los necesitados que levantaron la mano en la manifestación política celebrada en la plaza municipal. A la caída del gobierno se difundió la versión de que el general Macabón había actuado así por resentimiento, con la esperanza de que entre los fusilados del parque estuviera el autor de una saliva que en el mes de agosto, bajo el radiante sol ecuatorial de las dos de la tarde, él había confundido con una moneda de plata, incidente éste que lo condujo a la emisión del decreto más controvertido de su gestión gubernativa: “Prohibido escupir redondo”.
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Fragment from Genesis At Random:
Blind since the age of eleven, endowed with an amazing intelligence and a generous heart, Elupina Cordero possessed the necessary attributes for the cultivations of some of the most valuable gifts of the human soul. She consecrated her life and personal wealth to it. She had begun her career prescribing infusions of Caribbean spurge for such ailments as constipation and Mexican tea for worms, and then––no doubt motivated by her own circumstances––she took refuge in a kind of humanitarian mysticism that explored the possibilities of direct communication with God through love of one’s neighbor. In the hospice that she headed and financed from her armchair, and with her reputation as an enlightened blind woman, more mental patients passed came to her than in all the history of all the hospitals in the country. More lepers paraded through her spiritual clinic (and spiritualist, according to her fiercer detractors) than Europe ever had when the first Roman legions returned from the Orient. There were occasions when the good lady, in the flesh, restored movement to the limbs of a cripple by just giving him her blessing. News of her miracles spread to the four winds and at the end of several years more invalids had filed through her chapel than all the able-bodied persons that General Macabón put before the firing squad when he arranged the ambush of the century for the poor of his jurisdiction: “All those who have a problem, raise your right hand,” Macabón had requested in the middle of a big demonstration of support for the government that took place in the city park; he then, without any form of trial, ordered all those who had raised their hands, to be shot, and shortly afterwards, fearful of repeating the deed of another historical personage, he had the firing squad file back in with their weapons pointing downward and had shot them in the same way. Finally, to cover up the filthy and macabre trick he had played on his people, Macabón ordered the execution of those who had executed the firing squad with the argument that the first squad had carried out his order too late, when there was no longer time to save the life of any of the poor who raised their hands in the political demonstration held in the municipal plaza. Upon the fall of the government, the version of events that went out across the country was that General Macabón’s actions had been impelled by a grudge that he held against a certain individual, with the hope that among those he had ordered executed in the park might be the author of the particular insult in question (that of having spit on the ground and leaving a big round silvery glob of such), and that with it being the month of August and two o’clock in the afternoon, when the equatorial sun was its most brilliant, he had mistaken the glob of spit for a silver coin, an incident that led him to declare his most controversial decree during his tenure as governor: “Spitting on the ground in round globs is hereby and henceforth prohibited.” (Trans. by Michael B. Miller)
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GÉNESIS SI ACASO es una obra difícil de ubicar en la estructura semántica literaria al uso. Se trata de una apuesta audaz por un uso del lenguaje novedoso y arriesgado; un lenguaje vigoroso que acierta a sugerir esencias concretas. Su lectura nos sumerge en un universo lingüístico preñado de metáforas y significados latentes, que nos va sorprendiendo con cada giro inesperado de lo contingente a lo necesario, guiándonos por unos territorios ideográficos tan sólo explorados por autores como Borges, Casares, Lem o Poe, y que son, por cuanto escapan a los criterios cartesianos, imposibles de cartografiar. GÉNESIS SI ACASO abre, pues, un fructífero horizonte en el espacio de las nuevas tendencias narrativas. Jordi Soler |
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Angel Garrido Nace en Sabana de la Mar, República Dominicana, el 2 de octubre de 1949 y vive en Alexandria, Virginia, EE UU. Es casado y amo de casa. Tiene además, a instancias de Juan Jose Millás, el hábito de consumir hijos, primos, amigos y compañeros de luchas. Prefiere regirse por los que ya tiene. Nunca los cambia, pero celebra la buenaventura de los que pueda conseguir en lo sucesivo. Se sentiría afortunado si el lector de esta breve biografía estuviera alguna vez entre ellos. Aún si no lo consiguiera el autor, igual se esforzaría en adelante por merecer su amistad; o, en el peor de los casos, su enemistad. Le agradece mucho a la vida haber nacido y haberse criado en el hogar que le dieron sus padres y vivir en la actualidad en el que, al salir del hogar paterno, ha ayudado a su companera Marta a procrear. Se siente igualmente endeudado con sus maestros, sus condiscípulos, sus hijos adolescents, sus amigos de cabecera y sus familiares íntimos. A todos ellos deja, en este historial colectivo, testimonio de su acendrado cariño. |
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